7 mayo, 2021

César Gómez/Marca Registrada

Sentado en una sus creaciones en el patio principal de su hogar, nos encontramos a don Simón Martínez Martínez.

Un adulto con más de 60 años de edad, en los que 40 ha dedicado a elaborar sillones de piel de ganado vacuno, en su natal Pajapan, en las faldas del cerro Santa Martha.

Nos cuenta que aprendió este oficio, gracia a que su abuelo se lo enseño:

 “Ahí estaba mi finado abuelo y veía como trabaja él y fuimos aprendiendo; yo me dedico a esto desde los 12 años”, nos dice con una sonrisa.

Viste una camisa y pantalón modesto, y un sombrero que siempre lo acompaña, y no se preocupa por traer zapatos, pues asegura que está acostumbrado a andar descalzo desde que era pequeño.

Mientras lo entrevistamos, no pierde de vista su principal materia prima, que estirada sobre la tierra, se seca con los rayos del sol.

Nos referimos a la piel de vaca que consiguió en el rastro, donde las compra a buen precio.

“Viene el pielero y me los trae ya escogidos y me lo vende en 100 varos, pero escogido que se va bonito, porque no me sirve que traigan en pedazos, por eso los matadores y encargados de los rastros, ya saben cómo la ocupo y así la traen”, expresa.

Es un hombre de pocas palabras, pero con gran esfuerzo y dedicación. Siguiendo la entrevista, señala que también hay que seleccionar la madera, que puede ser cedro o solerillo.

ARTE QUE SE HACE CON EL CORAZÓN

 “Primero hacemos el larguero, así le decimos nosotros, depende cuanto tiene de largo y se busca la vuelta y después se pega el otro que va ensamblado”, nos explica cómo se arma la butaca después de cortar las maderas.

Tienen que ser cuatro largueros o bases de madera, que se unen después de perfilarlas y ver que estén parejas.

Una vez se tienen las cuatro bases del sillón, se procede a recortar la piel seca, que es difícil de moldear y en ocasiones tiene que ser mojada.

Más cuando se trata de piel de toro, que es el doble de gruesa que la de las vacas.

Y el trabajo concluye con la unión de la piel, de forma precisa, sin que se vea descuadrada, por ello la clava muy bien.

TRADICIÓN QUE SE HEREDA

La artesanía en piel es un oficio que está por extinguirse en el sur de Veracruz, por ello en el municipio de Pajapan, no deja de trabajar en ello. Pues ha sacado adelante a varias generaciones de su familia.

Una piel de ganado alcanza hasta para 3 sillones pequeños o uno grande. Y en un día puede elaborar hasta 3 asientos, en su pequeño taller que ha habilitado con lo que gana vendiéndolos

 “Para mí me parece un poco fácil, aunque está un poco peligroso, antier aquel mero me vuela los dedos por la curva, estuve confiado y trozando con el machete”, afirmó.

En su corredor, lucen al menos diez sillones de diferentes tamaños y diseños.

Pues el color del animal, es fundamental para que los asientos luzcan sorprendentes.

Don simón, ya heredó este oficio a dos de sus 6 hijos, a quienes les confió la voluntad de su abuelo, para que la artesanía en piel, siga viva aun cuando pasen los años.

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