César Gómez/Marca Registrada Noticias

En mayo pasado, Ángelo, un perro de raza criolla, acompañó a su amo a la clínica 69 del IMSS Coatzacoalcos, quien presentaba síntomas de covid-19. El señor de 50 años de edad falleció, mientras que la mascota quedó en el abandono. 

Nahúm Enríquez, vigilante del hospital ubicado en la colonia El tesoro de Coatzacoalcos fue testigo de la llegada del perro de color blanco con manchas café.


«El señor traía al perrito y sin correa; se veía que lo seguía a donde fuera, incluso esa tarde (el perro) quería pasar al hospital con su dueño, pero no está permitido, así que se le ordenó que se echara en la entrada y que lo esperara», cuenta el guardia de seguridad.

Tras la muerte del amo de «Ángelo» unos familiares reclamaron el cuerpo, sin embargo, nadie se hizo cargo del animal. «Se quedó aquí en la entrada principal y se mantuvo casi aproximadamente dos meses, después se volvió un poco agresivo no se dejaba agarrar por nadie», informó.


«Primero movía la cola y le dábamos de comer, pero con el paso de los días como que se desesperó y ya no quería que nadie se acercara, creo que seguía esperando a su amo (…) Ya parecía vigilante de aquí», explica Nahúm.

Los guardias decidieron contactar a representantes de la Comunidad en Pro de los Animales de la Calle (CEPAC), quienes acudieron a rescatar a «Ángelo», que presentaba «daños físicos y psicológicos».

«Su historia es muy diferente a la de todos los perritos que hemos rescatado y cuando supimos decidimos resguardarlo, primero no nos dejaba que nos acercáramos a él, pero me gané su confianza y le inyecté un relajante muscular y así lo trajimos aquí para cuidarlo», explicó el médico veterinario Jaime Takami, quien se hizo cargo de curarlo.

«Él lo único que quería era ver a su amo, manifestar su lealtad y el cariño, pero ya no pudo. Lo trajimos aquí y fue trabajar con él en paseos y ha logrado salir adelante», afirma el especialista.

Ángelo se adaptó a los cuidados y a las personas que ahora lo cuidan y le dan vitaminas y medicamentos para que su pelaje no se le caiga. El perro mejoró y dejó su comportamiento agresivo con las personas.


«Aquí está otro pequeño Hachiko, otra pequeña demostración de lealtad no salió su amo, pero aquí está dispuesto a compartir su vida con otras personas».

«Si alguien quiere adoptarlo, tendrá que comprobar su cariño y que está dispuesto a cuidarlo y protegerlo en todos los aspectos, pues se llevaría a un perro especial y uno de los más leales y cariñosos que conozco», advierte el médico veterinario.

Por marcaregistradanoticias

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