16 septiembre, 2021

ABC News/Marca Registrada Noticias

Hace 99 millones de años, un caracol dio a luz a cinco pequeños caracoles. Justo tras el feliz momento, la ‘madre’ -si bien los caracoles son hermafroditas- se dio cuenta de que les acechaba una desgracia y subió las antenas en el mismo momento en el que la resina los dejaba fosilizados. Ha tenido que pasar todo este tiempo para que su historia haya sido recuperada, al igual que sus pequeños cuerpos, que no solo son peculiares por el momento en el que quedaron sepultados para siempre, sino porque el ejemplar progenitor conserva casi intactos sus tejidos blandos, algo muy complicado de hallar cuando se trata de caracoles. El hallazgo acaba de publicarse en la revista ‘ Gondwana Research’.

La pieza fue hallada en una mina de ámbar al norte de Birmania por el equipo de Adrienne Jochum, del Instituto de Investigación Senckenberg, quien junto a otros colegas del Museo de Historia Natural de Frankfurt y del Museo de Historia Natural de Burgergemeinde Bern, han estudiado al espécimen. «Descubrimos el cuerpo y el caparazón de una hembra de caracol terrestre excepcionalmente bien conservada poco después del nacimiento de su descendencia, que también se conserva en el ámbar».

Los investigadores estudiaron el ámbar tomando fotografías de alta resolución e imágenes de micro-tomografía computarizada, lo que reveló un caparazón del caracol con unos 11 milímetros de alto, así como el cuerpo «parecido a un malvavisco» de la madre. Junto a ella se aprecian los cinco jóvenes caracoles recién nacidos. «Aparentemente, los caracoles fueron encerrados en la resina del árbol justo después del nacimiento y preservados en esa posición durante millones de años. La madre caracol debió haber notado su destino inminente y quedó fosilizada estirando sus tentáculos hacia arriba en una postura de ‘alerta roja’», agrega Jochum.

A pesar de que la mayoría de los caracoles son ovíparos, existen algunas especies de caracoles terrestres que guardan los huevos en su interior y no los expulsan hasta que se rompen dentro. Este antiguo caracol, denominado como Cretatortulosa gignensera vivíparo al igual que estas singulares especies, seguramente para proteger a sus crías de los depredadores de los bosques tropicales del Cretácico, señalan los investigadores. «Al igual que sus parientes modernos del género Cyclophoroidea, nuestro nuevo descubrimiento probablemente pasó desapercibido en las hojas muertas y podridas. Suponemos que las crías de esta especie, en comparación con los caracoles ponedores de huevos, eran más pequeñas y en menor número para aumentar sus posibilidades de supervivencia», incide Jochum.

Según el estudio, el fósil ofrece información sin precedentes sobre la ecología y el comportamiento de los caracoles que vivieron hace 99 millones de años. «Basándonos en el descubrimiento, no solo podemos hacer declaraciones sobre la morfología y paleoecología de los animales, sino que ahora también sabemos que existieron caracoles vivíparos en el período Cretácico», agrega el investigador.

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