5 diciembre, 2021

Fluvio César Martínez/Marca Registrada Noticias

Un joven apasionado por las motos y con grandes sueños, son las palabras que siempre gritaba a los cuatro vientos doña Virginia Peña cuando se le cuestionaba como era su hijo Rosendo Vázquez Peña, joven que a los 21 años fue sustraído por elementos policiacos durante el operativo “Blindaje Coatzacoalcos” en septiembre del 2015.

Hoy Rosendo regresó a su hogar que lo vio crecer y vivir su infancia, no como su familia lo hubiera querido, sino en un frío ataúd, víctima de desaparición forzada y de negligencia de la Fiscalía General del Estado (FGE); acciones que costaron días y noches de lagrima para su madre quien forma parte del colectivo “Madres en búsqueda de Coatzacoalcos”.

“Aquí esta su blindaje Coatzacoalcos, aquí esta su famoso operativo que hoy tiene a mi hijo en ataúd”, grita Virginia.

La historia comienza un 25 de septiembre del año 2015 cuando Rosendo salió de casa para trabajar en un taller de reparación de motocicletas ubicado sobre la avenida Universidad 1204 en el poniente de Coatzacoalcos; trabajo que mantuvo durante una década.

Tras reparar algunas motocicletas, ya casi llegaba la hora de la comida, pero Rosendo al igual que sus compañeros de trabajo fueron sorprendidos por un comando de hombres armados quienes irrumpieron en su centro de trabajo.

Rosendo fue llevado por la fuerza amenazado a punta de pistola, situación que vivieron otros 28 hombres en esta ciudad, lo cual ha sido descubierto con el paso de los años.

Comienza el calvario para Virginia

Veladores encendidas y regadas por el suelo aguardan el ataúd donde se encuentran los restos del joven que hoy tuviera 27 años; sobre la cada de color café reposan un par de flores blancas que su madre colocó, frente a ellos una cruz con la imagen de Jesucristo dan sombra al cuadro colgado en la pared donde se observa a Rosendo.

En medio de un ambiente de tristeza, coraje y luces tenues que iluminan el cuarto donde es velado, la señora Virginia narra la angustia que vivió y sobre todo que puedo ser evitado por las autoridades.

Al enterarse de la desaparición de su hijo, Virginia acudió al Cereso “Duport Ostión”, visitó oficinas regionales de la Fiscalía y comandancias de las policías estatales, sin que nadie pudiera darle informes sobre el paradero de su hijo que tenía 21 años cuando fue privado de la libertad.

A partir de ese momento Virginia decidió comenzar a buscar de forma personal a Rosendo, lucha que la llevo a conocer a otras madres que atravesaban la misma situación, integrándose al colectivo de “Madres en búsqueda de Coatzacoalcos”.

Manifestaciones, marchas, oraciones, suplicas, lágrimas y gritos de desesperación formaron parte del diario vivir de Virginia, quien solo pedía una cosa a Dios y a las autoridades: “encontrar a su hijo”.

Doña Vicky, quien a pesar de ser de complexión delgada siempre mostraba una fuerza incansable, también excavo terrenos, limpió pozos y aprendió a distinguir entre restos humanos y animales como parte de las acciones de búsqueda que realizaba junto a las madres del colectivo que encabeza Lenit Enríquez Orozco.

Además de la ficha que emitió la Comisión Estatal de Búsqueda, las fotografías de aquel joven lleno de sueños se observaban en lonas, carteles, gorras y playeras, producto de una búsqueda incansable.

En 2016 fue encontrado, pero no se lo entregaron

El cuerpo de Rosendo fue encontrado en Actopam, Veracruz el 21 de enero del 2016 lo cual se confirma en la ficha de búsqueda emitida por la Comisión Estatal; la policía lo encontró en un paraje cerca de ese municipio

Virginia había encontrado a su hijo, aunque ello tenía que ser confirmado a través de una prueba de ADN que, por causas desconocidas, no se realizaron en aquel momento.

“Las autoridades no hicieron su trabajo como debería de ser, no entiendo porque hasta ahora me lo entregaron, pero bueno quiero agradecer a Dios que después de buscarlo ya lo encontré”, lamentó Virginia mientras se recarga en el ataúd.

En tanto se realizaba la prueba Virginia seguía buscando y marchando, sin saber que los restos de su hijo estaban en una plancha, sin poder ser despedido como su madre lo anhelaba.

Seguía participando en la búsqueda de cuerpos en fosas clandestinas en el norte, sur y centro de Veracruz, lo mismo daba buscar en un terreno baldío que en un taller o corralón de autos, el objetivo era encontrar a Rosendo.

Mi hijo regresó a su casa y tendré donde llorarle

La tarde del miércoles 27 de octubre, Virginia fue llamada por la Fiscalía donde a través de una presentación de Power Point, le confirmaban que los restos que estuvieron cinco años bajo resguardo de la misma, pertenecían a Rosendo.

Después de las 18:00 horas que arribó el féretro, inició sepelio donde vecinos, familiares, amigos e integrantes del colectivo al que pertenece doña Virginia se dieron cita.

Mientras se realiza un rosario para pedir por el descanso de Rosendo, su hermana Cinthia Lizbeth plática con algunas personas en el patio de su casa.


La joven platicó con este medio, e insiste que su hermano no fue regresado -fue buscado y encontrado-, asegura que fue por la presión del colectivo que hoy pueden despedirlo.

“No se vale lo que nos hicieron, es parte de la búsqueda ya se logró, ahora lo que sigue es que sigan esclareciendo mas casos similares, porque te imaginas cuantos cuerpos podrían ser entregados a sus madres si las autoridades hicieran bien su trabajo, porque es de pena lo que nos hace el estado”, reclamó Cinthia.

Aunque su madre y su familia ya logran descansar un poco, continuarán en la lucha con sus demás compañeras del colectivo, ya que hasta la fecha hay más de 50 familias buscando a su ser querido; doña Virginia no duda en exigir justicia y que la Fiscalía sea mas sensible ante los casos de desaparición forzada.

Y es que este hallazgo abre una brecha para otras madres que buscan a sus hijos, pues tal y como lo dice Lenit representante del colectivo, hay cuerpos que siguen sin ser sometidos a pruebas de ADN y otros abandonados en los SEMEFOS.

Aunque están molestos porque su pudieron evitar los cinco años de angustia, antes de persignarse Virginia levanta el rostro al cielo cubierto de lágrimas y agradece por tener a Rosendo de vuelta.

“Mi hijo regresó a su casa y lo sepultare, tendré donde llorarle, eso le agradezco a Dios”, finaliza la señora y se sienta a contemplar ese frío ataúd que esta misma semana será sepultado.

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