22 enero, 2022

Milenio/Marca Registrada Noticias

Ts’onot –hoyo o agujero en el suelo–, es el nombre que los mayas dieron a sus depósitos naturales de agua subterránea, los cenotes. La población indígena actual aún los considera sagrados, pero las necesidades económicas han empujado la apertura al turismo de estas cuevas; no obstante, todavía no se tiene certeza del número exacto de cenotes que existen en la entidad y que deben protegerse de la contaminación, ya que son la principal fuente de agua de los yucatecos.

“Mi pueblo, hace 10 años éramos muy pobres, se acabó el henequén pues ya no hubo otra actividad. Los cenotes no debíamos abrirlos, porque nos tienen dicho nuestros abuelos, son cosas donde se hacen oraciones, son templos, no debemos violarlos, ni meter gente por la necesidad; yo le pido a Dios y a mis abuelos que nos perdonen lo que estamos haciendo por la necesidad por la economía del pueblo”, dijo Doroteo Hau Kuuk, guardián del agua en Homún.

Yucatan

En ese municipio, el turismo se ha convertido en la principal actividad económica, 30 cenotes han abierto al turismo en la última década, pero se estima que existen al menos 300 cuevas más. En toda la entidad, son miles los cenotes que se estiman existen, ya que la península es una gran losa calcárea que por donde se filtra el agua al subsuelo.

“Aquí en la secretaría tenemos un registro de 3 mil 160 cuevas, cavernas o cenotes de diferentes tipos, tenemos un cálculo estimado –en cercanía con la academia– que hay entre 5 mil y 8 mil de estos cuerpos en todo el estado”, señaló Sayda Rodríguez Gómez, secretaria de Desarrollo Sustentable de Yucatán.

En entrevista con MILENIO, Rodríguez Gómez destacó que solo 168 cenotes tienen autorización para uso turístico en todo el estado, “de los 3 mil 100 que tenemos y de los casi 8 mil que calculamos”. Mientras que otros tienen uso escénico o paisajístico, y que deben conservar su vegetación intacta para evitar que colapsen.

“En Yucatán tenemos todo un cauce de ríos subterráneos, es un manto acuífero subterráneo, se debe a que nuestro cuerpo cárstico es digamos como un queso gruyere, es una serie de cavernas que están interconectadas en el subsuelo, básicamente tenemos 3 capas de estos niveles freáticos y cada una de estas capas está interconectada como red, hacia abajo”.  

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La funcionaria resaltó que varios cenotes están interconectados no solo por el agua, sino a través de cuevas y grutas. Mapearlos es una tarea aún imposible, pero están trabajando en desarrollar el primer sistema de monitoreo de la calidad del agua en el estado.

“Tenemos una problemática de riesgo, nuestro manto acuífero al ser como un queso gruyere, una esponja, es un sistema que tiene riesgo de que pueda ocasionar una contaminación; afortunadamente también es un sistema muy dinámico. Si nosotros tomamos una muestra aquí, a lo mejor hay presencia de contaminantes, si la hacemos mañana, a lo mejor ya no hay nada, eso es porque nuestro sistema es muy dinámico, y nos permite pues tener la oportunidad de poder resarcir quizá alguna contaminación muy puntual, pero también nos implica un gran reto a este sistema, porque no podemos controlar algo que desconocemos, necesitaríamos tener ese sistema para poder más o menos regularlo”, explicó.

La mayor causa de la contaminación de cenotes es el uso de agroquímicos, ya que se lixivian y van a dar al agua, “por eso hay que prevenir el hecho de que pueda arrastrase el contaminante hasta el agua”. También causan problemas los metales pesados y basureros sin ninguna membrana de protección en el suelo.

“Hay investigación puntual respecto a la interconexión entre unos y otros cenotes, esto ha permitido documentar la relevancia ambiental y la prevención que debemos tener para no contaminar estos cuerpos, sino también toda la riqueza cultural que era lo que utilizaban los mayas, a través de los cenotes para su sacrificio y para otros destinos, incluso paleontológico, la riqueza que tenemos allí de hallazgos arqueológicos de otras épocas”, dijo.

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Yucatán cuenta con el Área Natural Protegida Anillo de Cenotes que abarca 13 municipios al sur de Mérida –entre ellos, Homún–, cuyo programa de manejo se encuentra en elaboración.

“Por la forma en la cual cayó el meteorito y a través de los cuales se determinaron cuáles son las zonas en la que hay más concentración de estos cuerpos cársticos denominados cenotes que es justo esa zona, es el centro, ahí se concentran más este tipo de hallazgos”, indicó.

En Homún, localizado dentro del área protegida, a 55 kilómetros al sureste de Mérida se está presentando un auge de venta de terrenos con cenotes, debido a la crisis económica de la localidad, tras la pandemia.

“Cuando comencé me empezaron a venir a ver personas que ni conozco, hay quien me ofreció 30 mil pesos, hay quien me ofreció hasta 300 mil, de último ya me ofrecieron hasta 3 millones de pesos”, recordó Doroteo Hau.

El 60 por ciento de la economía de Homún depende de la actividad turística, pero el envejecimiento de ejidatarios y pequeños propietarios, está motivando la venta de sus terrenos.

“Los cenotes no se pueden vender, se vende un terreno que tiene un cenote, así como un terreno que tiene un árbol, se vende la propiedad… No es que esté prohibido comprar un terreno que tenga un cenote, sino que al querer hacer uso de este terreno, se tendrá que observar la reglamentación que existe al respecto.”, aclaró la secretaria de Desarrollo Sustentable.

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